LA BAJA AUTOESTIMA
Las características de una persona con autoestima baja son diversas:
Las personas con baja autoestima tienen una mayor tendencia a la depresión y a sufrir ante las adversidades.
Las personas con baja autoestima no se sienten seguras de si mismas.
Tienen miedo de expresar sus gustos u opiniones. Prefieren quedarse callados antes que opinar ya que consideran que “no tienen derecho” o que los demás consideraran que no lo tienen.
Las personas con baja autoestima tienen mayor dificultad para relacionarse con los demás. Siempre suelen estar pensando como se interpretará aquello que dicen o hacen y si caerán bien o mal a los demás.
Las personas con baja autoestima sienten una gran necesidad de ser aceptados por los demás ya que no se aceptan a sí mismas. Por este mismo motivo, suelen sentirse muy presionados cuando están con otras personas.
Las personas con baja autoestima, tienen miedo de arriesgarse por miedo a fracasar.
Tienen menos probabilidad de lograr lo que se proponen porque siempre están pensando de antemano que no lo lograrán.
Las personas con baja autoestima suelen dejarse atropellar por los demás o ser maltratados por miedo a resistirse y quedarse solos.
Les cuesta expresar sus sentimientos.
Suelen creer que siempre los demás están por encima de una o uno, son superiores, valen más y por lo tanto sus problemas también son más importantes.
Tienen mayor dificultad para enfadarse con las demás personas por miedo a que la otra persona “no acepte el enfado”.
Pueden ser muy autoexigentes y nunca valorar sus propios logros.
No tienen confianza en sí mismos ni creen que puedan lograr lo que se proponen.
Suelen excusarse y justificarse por todo. Siempre tienen miedo de estar molestando o quitándole tiempo a los demás.
Cuando una persona tiene problemas de autoestima, o una baja autoestima, esto se traduce en una gran cantidad de problemas en diversos ámbitos de su vida. Una persona con baja autoestima suele sentirse más infeliz y mucho más limitada en cuanto a lo que puede o debe hacer.
LA VIDA SIN AUTOESTIMA.
Es factible para el observador atento o entrenado, detectar los niveles de Autoestima o Desestima en las personas, ya que su manifestación se extiende a pensamientos, palabras, estados emocionales, hábitos y otras maneras de experiencias. La manera como vive un ser autoestimado es bastante diferente de la forma como funciona un desestimado.
COMPORTAMIENTOS CARACTERÍSTICOS DEL DESESTIMADO.
Algunos comportamientos característicos de las personas desestimadas son:
INCONSCIENCIA.
Ignora quien es y el potencial que posee; funciona automáticamente y depende de las circunstancias, eventualidades y contingencias; desconoce sus verdaderas necesidades y por eso toma la vida con indiferencia o se dedica a hacer mil cosas que no le satisfacen; ignora las motivaciones, creencias, criterios y valores que le hacen funcionar. Muchas áreas de su vida reflejan el caos que se desprende del hecho de no conocerse. Parte de ese caos, generalmente autoinducido, se observa en conductas autodestructivas de distinta índole. El desestimado vive desfasado en el universo temporal; tiene preferencia por el futuro o el pasado y le cuesta vivir la experiencia del hoy: se distrae con facilidad. Pensar y hablar de eventos pasados o soñar con el futuro, son conductas típicas del ser que vive en baja Autoestima.
DESCONFIANZA.
El desestimado no confía en sí mismo, teme enfrentar las situaciones de la vida y se siente incapaz de abordar exitosamente los retos cotidianos; se percibe incompleto y vacío; carece de control sobre su vida y opta por inhibirse y esperar un mejor momento que casi nunca llega. Tiende a ocultar sus limitaciones tras una "careta", pues al no aceptarse, teme no ser aceptado. Eso lo lleva a desconfiar de todos y a usar su energía para defenderse de los demás, a quienes percibe como seres malos y peligrosos; siempre necesita estar seguro y le es fácil encontrar excusas para no moverse. La vida, desde aquí, parece una lucha llena de injusticia.
IRRESPONSABILIDAD.
Niega o evade sus dificultades, problemas o conflictos. Culpa a los demás por lo que sucede y opta por no ver, oír o entender todo aquello que le conduzca hacia su responsabilidad. Sus expresiones favoritas son: "Si yo tuviera", "Si me hubieran dado", "Ojalá algún día", y otras similares que utiliza como recurso para no aclarar su panorama y tomar decisiones de cambio.
En su irresponsabilidad, el desestimado acude fácilmente a la mentira. Se miente a sí mismo, se autoengaña y engaña a los demás. Esto lo hace para no asumir desde la consciencia adulta las consecuencias de sus actos, de su interacción con el mundo. Ninguna cantidad de nubes puede tapar por mucho tiempo el sol.
INCOHERENCIA.
El desestimado dice una cosa y hace otra. Asegura querer cambiar pero se aferra a sus tradiciones y creencias antiguas aunque no le estén funcionando. Vive en el sueño de un futuro mejor pero hace poco o nada para ayudar a su cristalización. Critica pero no se autocrítica, habla de amor pero no ama, quiere aprender pero no estudia, se queja pero no actúa en concordancia con lo que dice anhelar. Su espejo no lo refleja.
INEXPRESIVIDAD.
Por lo general reprime sus sentimientos y éstos se revierten en forma de resentimientos y enfermedad. Carece de maneras y estilos expresivos acordes con el ambiente, porque no se lo enseñaron o porque se negó a aprenderlos. En cuanto a la expresión de su creatividad, la bloquea y se ciñe a la rutina y paga por ello el precio del aburrimiento.
IRRACIONALIDAD.
Se niega a pensar. Vive de las creencias aprendidas y nunca las cuestiona. Generaliza y todo lo encierra en estereotipos, repetidos cíclica y sordamente. Pasa la mayor parte de su tiempo haciendo predicciones y pocas veces usa la razón. Asume las cosas sin buscar otras versiones ni ver otros ángulos. Todo lo usa para tener razón aunque se destruya y destruya a otros.
INARMONÍA.
El desestimado tiende al conflicto y se acostumbra a éste fácilmente. Se torna agresivo e irracional ante la critica, aunque con frecuencia critique y participe en coros de chismes. En sus relaciones necesita controlar a los demás para que le complazcan, por lo que aprende diversas formas de manipulación. Denigra del prójimo, agrede, acusa y se vale del miedo, la culpa o la mentira para hacer que los demás le presten atención. Cuando no tiene problemas se los inventa porque necesita del conflicto. En estado de paz se siente extraño y requiere de estímulos fuertes generalmente negativos. En lo interno, esa inarmonía se evidencia en estados ansiosos, que desembocan en adicciones y otras enfermedades.
Para el desestimado, la soledad es intolerable ya que no puede soportar el peso aturdidor de su consciencia.
DISPERSIÓN.
Su vida no tiene rumbo; carece de un propósito definido.
No planifica, vive al día esperando lo que venga, desde una fe inactiva o una actitud desalentada y apática. Se recuesta en excusas y clichés para respaldar su permanente improvisación.
DEPENDENCIA.
El desestimado necesita consultar sus decisiones con otros porque no escucha ni confía en sus mensajes interiores, en su intuición, en lo que el cuerpo o su verdad profunda le gritan.
Asume como propios los deseos de los demás, y hace cosas que no quiere para luego quejarse y resentirlas. Actúa para complacer y ganar amor a través de esa nefasta fórmula de negación de sí mismo, de autosacrificio inconsciente de sus propias motivaciones. Su falta de autonomía, la renuncia a sus propios juicios hace que al final termine culpándose, autoincriminándose, resintiendo a los demás y enfermándose como forma de ejecutar el autocastigo de quien sabe que no está viviendo satisfactoriamente. La dependencia es el signo más característico de la inmadurez psicológica, que lleva a una persona, tal como dice Fritz Perls, a no pararse sobre sus propios pies y vivir plenamente su vida.
INCONSTANCIA.
Desde el miedo, una de las emociones típicas del desestimado, las situaciones se perciben deformadas y el futuro puede parecer peligroso o incierto. La falta de confianza en las propias capacidades hace que aquello que se inicia no se concrete. Ya sea aferrándose a excusas o asumiendo su falta de vigor, el desestimado tiene dificultad para iniciar, para continuar y para terminar cualquier cosa. Puede que inicie y avance en ocasiones, pero frente a situaciones que retan su confianza, abandonará el camino y buscará otra senda menos atemorizante. La inconstancia, la falta de continuidad, señala poca tolerancia a la frustración.
RIGIDEZ.
La persona desvalorizada lucha porque el mundo se comporte como ella quiere. Desea que donde hay calor haya frío, que la vejez no exista y que todo sea lindo. Le cuesta comprender que vivimos interactuando en varios contextos con gente diferente a nosotros en muchos aspectos, y que la verdad no está en mí o en ti, sino en un "nosotros" intermedio que requiere a veces "estirarse". Sufrir porque está lloviendo, negarnos a entender que una relación ha finalizado, empeñarnos en tener razón aunque destruyamos vínculos importantes, demuestra incapacidad para abandonar posturas rígidas que nos guían por la senda del conflicto permanente. Eso es no quererse, eso es Desestima.
En general, el desvalorizado es un ser que no se conoce, que no se acepta y que no se valora; que se engaña y se autosabotea porque ha perdido el contacto consigo mismo, con su interioridad, y se ha desbocado hacia el mundo con el afán de ganar placer, prestigio y poder, es decir, de obtener a cualquier precio la aprobación de los demás, como un niño que requiere el abrazo materno para sobrevivir. El desestimado no se percata fácilmente de que ha roto el equilibrio que necesita para vivir paz y disfrutar de la vida, que como un don especial le ha sido.
ALGUNOS COMPORTAMIENTOS DE BAJA AUTOESTIMA.
Además de los mencionados anteriormente, existen otros comportamientos que reflejan desamor e irrespeto por nosotros, y como consecuencia de eso, por los demás. Sin que deban ser tomados como algo inmutable y absoluto, algunos de los más frecuentes son:
Mentir
Llegar tarde
Necesitar destacar
Irrespetar a las personas
Preocuparse por el futuro
Actuar con indiferencia
Creerse superior
Descuidar el cuerpo
Negarse a ver otros puntos de vista
Negarse a la intimidad emocional
Vivir aburrido, resentido o asustado
Desconocer, negar o inhibir los talentos
Vivir de manera ansiosa y desenfrenada
Descuidar la imagen u obsesionarse con ella
Desarrollar enfermedades psicosomáticas
Seguir la moda y sufrir si no estamos "al día"
La maternidad y paternidad irresponsables
Improvisar la vida, pudiendo planificarla
Descuidar la salud como si no fuera importante
Negarse a aprender
Idolatrar a otras personas
Asumir como estados habituales la tristeza, el miedo, la rabia y la culpa
Tener y conservar cualquier adicción(Cigarrillo, licor, comida, sexo, etc.)
Anclarse en lo tradicional como excusa para evitar arriesgarse a cosas nuevas
Negarse a la sexualidad(salvo casos especiales vinculados al celibato espiritual)
Incapacidad para manejar los momentos de soledad
Quejarse
Perder el tiempo en acciones que no nos benefician
Manipular a los demás
Culparse por el pasado
Actuar agresivamente
Autodescalificarse
Discriminar y burlarse de los demás
Sentirse atrapado y sin alternativas
Preocuparse porque otro destaque(Envidia)
Actuar tímidamente
Dar compulsivamente para ganar aprobación
Invadir el espacio de otros sin autorización
Depender de otros pudiendo ser independientes
Celar de manera desmedida a amigos o a la pareja
Compulsión por obtener títulos académicos y dinero
Irrespetar a las personas
Incapacidad para expresar los sentimientos y emociones
Maltratar a los hijos en vez de optar por comunicarnos
Denigrar de uno mismo y de los demás de manera frecuente
Sostener relaciones con personas conflictivas que te humillen y maltraten
CREENCIAS LIMITADORAS.
Las cosas van a salir mal
No creo que pueda lograrlo
Hoy va ser un día terrible
No sirvo para nada
No le agrado a la gente
Es difícil producir dinero
Trabajar es aburrido y cansón
Detesto mi vida
Soy bruto, soy tonto, soy torpe
Todo me sale mal
Tengo mala suerte
Nunca me alcanza el tiempo
No soporto que me critiquen
Es lógico que siempre me sienta mal
La gente es mala y hay que cuidarse de todos
No existen hombres (o mujeres) que valgan la pena
Yo soy así y no puedo cambiar
Estoy preocupado(a)
Para qué habré nacido. La vida es terrible
Tengo muchos defectos
Los problemas me persiguen
Lo bueno dura poco
Yo olvido pero no perdono
Me odio, no me soporto
Me las van a pagar
No merezco que nadie me ame
Mi familia no me gusta
Seguro que voy a enfermarme
No quiero vivir
LA FAMILIA DESVALORIZADA:
Las familias que carecen de Autoestima se caracterizan por la ausencia de reglas, las cuales cuando existen son difusas, contradictorias o basadas en la tradición y en estereotipos que nada tienen que ver con las verdaderas necesidades del grupo. Hacen lo que se ha hecho siempre, lo aceptado, lo tradicional, sin considerar su verdadera utilidad y adecuación. Hay obligaciones para todos y por todas partes, aunque nadie sepa en qué se basan, quién las establece y con qué criterio. Creer en Dios, ser Comunista, ponerse la pijama antes de dormir, no caminar descalzo o ser vegetarianos, pueden ser mandatos arbitrarios, caprichosos u hormonales, cuando nadie explica las razones, por qué debemos hacerlo.
Impera la anarquía porque no existen roles definidos y cada quien actúa dependiendo de cómo se siente. Lo que uno arma el otro lo desarma; uno hace, el otro interfiere. Los hermanos mayores juegan a ser papas de los menores: les pegan, los castigan y resienten la responsabilidad que padres insensatos les han endilgado; las madres actúan como niñas y obligan a sus hijos a velar por ellas; los padres son duros hoy y blandos mañana. Nadie sabe que calle tomar.
La comunicación es caótica y las relaciones de sus miembros se establecen desde el poder, lo cual origina vínculos perversos en los que cada uno presiona como puede para asegurarse atención y estímulos. Crean entre todos una red confusa e intrincada, en la que a pesar de la buena intención terminan atrapados, dolidos y desanimados.
Los hijos trataran de evitar de hacer todo aquello que puede desagradar a sus padres o lo harán a escondidas abrazando la mentira, a la que terminaran viendo como algo normal. Para cuando los miembros de la familia desestimada puedan percatarse de lo que han estado haciendo, deberán conformarse con sentirse culpables, quejarse, rumiar su pena e infligirse enfermedades psicosomáticas.
No existen objetivos familiares. En los hogares Desvalorizados, se vive en permanente ensayo y error, sin una meta común por la cual luchar unidos; no hay un proyecto de vida definido, sujeto a valores y criterios coherentes.
La pareja Desvalorizada:
Por su parte, la pareja desestimada funciona de manera diferente, con un nivel reducido de consciencia de sus capacidades y necesidades, poca confianza de sus miembros, indignidad y mínima valoración de si misma. Sus características resaltantes suelen ser:
Tiende a la incomunicación y evade la realidad para no enfrentarla
Bloquea la expresión de sus sentimientos; los ignora, evade o se avergüenza de ellos.
Es conflictiva e inarmónica
Carece de reglas, acuerdos y valores claros y definidos
No acepta las diferencias de sus miembros. Vive del "debe ser"
Crea dependencia psicológica, económica, sexual.
No se plantea el crecimiento como objetivo
Carece de proyectos comunes; cada quien funciona por su lado
El apoyo se brinda condicionado
Invade el espacio personal del otro
Ignora el uno lo que desea o necesita el otro
Vive del "qué dirán"; es guiada desde el exterior
Se relaciona circunstancialmente, sin compromisos verdaderos y honestos
Desconfía del otro
Enfrenta las rupturas y separaciones con inmadurez.
¿Cómo puedo mejorar la Autoestima?
Lo primero que tenemos que saber es que la autoestima no es algo con lo que se nace, sino que nosotros mismos la hemos ido construyendo. Por esto mismo, es importante que sepamos que la autoestima va a cambiar a lo largo de nuestras vidas y nosotros, con nuestro trabajo, también la podemos modificar.
El requisito para mejorar nuestra autoestima es dejar de criticarnos a nosotros mismos. Es importante que identifiquemos los pensamientos del tipo: "soy inútil, "soy feo", "todo lo hago mal", "me doy asco", "si la gente me conociera de verdad, no me querría", etc. Cada vez que pensamos así, estamos maltratando duramente a nuestra autoestima. Cuando “pillemos” un pensamiento de este tipo tenemos que tratar de valorar de una forma más positiva la situación y cambiar este pensamiento por uno más racional, menos radical. Un ejemplo:
Sofía acaba de entregar un proyecto a su jefe después de dos meses trabajando en él, y éste, lo hojea por encima y le dice que tiene que cambiar un par de cosas y que se lo entregue al día siguiente. Entonces Sofía piensa: "si es que todo lo hago mal, dos meses y mi trabajo no sirve, no sé ni cómo me mantienen trabajando aquí..."
Aquí Sofía podría valorar otras posibilidades, como por ejemplo: "Genial, con lo exigente que es mi jefe solo me ha pedido dos cambios tontos, eso es que le ha gustado". O otra posibilidad: "vaya, se me había olvidado ponerlo así, bueno, será un cambio rápido y mañana lo tengo listo."
En fin, según la situación y la persona caben muchas posibilidades, pero estas no dejan de ser reales, sino que son más racionales. Si ponemos esto en práctica de forma intencional, con el tiempo será automático y nuestra alta autoestima nos ayudará a ser más positivos y, como no, más felices.
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